Liturgia: Tiempo de Navidad

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El tiempo de Navidad es el momento litúrgico del año en el que contemplamos el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo, nuestro Salvador.

La Navidad es la segunda fiesta más importante para los cristianos, luego de la Pascua; por eso, se ubica en el centro de un tiempo que tiene una preparación (Adviento) y una prolongación festiva (Octava de Navidad y Tiempo de Navidad).

Natividad del Señor

El 25 de diciembre celebración el nacimiento de Jesús en Belén. Su nacimiento hace visible la alianza de Dios con el hombre, una alianza de redención que encuentra su culminación en la Pascua. Dios se hace hombre, y en este hacerse hombre asume todas nuestras dimensiones humanas: espirituales, físicas, vinculares, sociales. Nace humilde en Belén, y lo contemplamos a través de las lecturas de la solemnidad (cf. Mt 1, 18-25 de Noche Buena; Lc 2, 1-14 y Lc 2, 15-20). Miramos el pesebre y descubrimos a un Niño frágil, cuidado por sus padres. Sin embargo, este Niño frágil es el Todopoderoso, por quien el universo fue creado y se mantiene en la existencia, es el reflejo de Dios (cf. Hb 1, 1-6), es la Palabra del Padre que lo manifiesta, es la Luz que vino a disipar las tinieblas del mundo (cf. Jn 1, 1-18). No deja de maravillarnos este designio amoroso de Dios, que se oculta y revela a la vez en Belén.

Octava de Navidad

La Navidad, como la Pascua, se celebra durante ocho días como si fuese uno solo; pero, a diferencia de la Octava de Pascua, la Octava de Navidad tiene la particularidad de incluir otras festividades.

26 de diciembre: San Esteban, primer mártir

El Niño Jesús, Luz del mundo, se manifiesta al mundo, y necesita de testigos. Algunos se encuentran en el pesebre: María, José, los pastores, los magos. Pero el testimonio que exige no es el de un simple asistente, sino el de aquel que entrega su vida, como Jesús lo hará en la Pascua. Por eso, san Esteban nos recuerda que este Niño es el Redentor del mundo, y su redención es realizada por el derramamiento de su sangre en la cruz. San Esteban, el primer mártir (cf. Hch 6-7), nos indica el modo de ser testigo: con toda la vida.

27 de diciembre: San Juan, Apóstol y Evangelista

El testimonio de san Juan muestra la otra dimensión del dar la vida: el amor. El amor expresado en la contemplación de los misterios de Dios y en la transmisión en su Evangelio; el amor que lo lleva a mantenerse junto a Jesús en la cruz; el amor que lo hace correr hasta la tumba del resucitado (cf. Jn 20, 1-8). La Navidad se vive a fondo desde una experiencia amorosa de Dios.

28 de diciembre: Los Santos Inocentes, mártires

Cristo, Luz del mundo, es rechazado por aquellos mismos a quienes Él vino a salvar. Los Santos Inocentes son quienes padecen la locura del hombre, al ser martirizados por Herodes (cf. Mt 2, 13-18). Ellos también nos recuerdan que Cristo es el nuevo Moisés, quien fue salvado para salvar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y poder establecer la alianza del Sinaí (cf. Éx 1-2).

29 y 30 de diciembre

En estos dos días contemplamos los textos que tratan la Presentación de Jesús en Templo, que tiene su fecha propia para ser celebrada (el 2 de febrero). El contexto de la Navidad nos recuerda que Jesús pertenece a un pueblo concreto, y por eso sus padres cumplen con Él las normas religiosas (cf. Lc 2, 22-35). A su vez, Simeón y Ana dan testimonio de Jesús (cf. Lc 2, 33-38) y se anticipa la Pasión de Jesús, con el signo de la espada que atravesará el corazón de María (cf. Lc 2, 35).

31 de diciembre: La Sagrada Familia

El domingo siguiente a Navidad celebramos la Sagrada Familia, solemnidad en la que contemplamos a Jesús en vínculo con María y su padre adoptivo, José. Es una continuidad del misterio de la Encarnación: Dios tiene una familia en la que aprenderá a desarrollar sus capacidades humanas como cualquier niño, adolescente y joven.

1° de enero: Santa María, Madre de Dios

Esta fiesta cierra la Octava de Navidad. Que Dios se haya hecho hombre significa que María es su madre, no en apariencia sino que realmente lo es. De esta verdad de fe se deduce que la humanidad de Cristo es completa y real, y también se deducen los privilegios que María recibió por ser predestinada por el Señor a ser la madre de su Hijo.

Ferias de Navidad

En estos días se meditan las lecturas que nos introducen en el misterio del Dios hecho hombre, y celebramos algunas fiestas especiales:

6 de enero: Solemnidad de la Epifanía del Señor

Conocida como la Fiesta de los Reyes Magos, la Epifanía, como su nombre lo indica, es la celebración de la manifestación de Cristo al mundo. Los magos, que siguen la estrella (cf. Mt 2, 1-12) representan a todos los pueblos del mundo que son atraídos hacia Dios, porque es el Salvador Universal. El seguimiento de la estrella es la búsqueda de la verdad y del bien por parte de todos los hombres de buena voluntad, y por esta búsqueda, pueden encontrarse con Jesús.

7 de enero: El Bautismo del Señor

El tiempo de Navidad concluye con esta fiesta, que siempre se celebra el domingo siguiente a la Epifanía. El Bautismo de Jesús da inicio a su vida pública de predicación de la Buena Noticia. Se manifiesta como el Hijo de Dios, a través de las palabras de Dios Padre y la representación visible del Espíritu Santo (cf. Mc 1, 7-11). La Trinidad entera se da a conocer en Jesús. Además, nos recuerda que por medio del sacramento del Bautismo, el hombre es hecho hijo de Dios por participación, dando la conclusión al intercambio entre Dios y el hombre que se inició en la Encarnación del Hijo.

 

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