Reformas

image_pdfimage_print

Cuando se vendió el palacio que había mandado construir Antonio Devoto para recibir al príncipe Humberto de Italia (que no llegó a inaugurarse y quedó cerrado mucho tiempo), fueron donadas a la Parroquia varias piezas de la importante boiserie de roble dorado y tallado, las que se utilizaron para hacer la sede del Presbiterio. Luego de muchos años, el presbiterio original fue desmantelado. La donación más importante que se recibió fue la gran araña que se luce hasta el presente. Fue reparada dos veces: la primera vez mientras se trabajaba en ella, y la segunda, cuando cayó al fundirse la cadena que la sostenía, como consecuencia del incendio del año 1991.

Desde su arribo a la Parroquia, el P. Fazio se abocó a las tareas de reparación del Templo: se cambiaron las viejas chapas de los techos por unas nuevas acanaladas. Se renovaron todas las pinturas murales, incluidas las bóvedas y la cúpula. En estas tareas trabajó un hijo de uno de los pintores originales. Se quitaron las divisiones que separaban los dos patios a los lados del atrio, usando las rejas para reforzar las ventanas del Templo. También, se reemplazaron los vidrios de los ventanales por vitrales construidos especialmente. Poco tiempo después, una fuerte tormenta volteó gran número de ellos y fueron reemplazados totalmente por los que están en la actualidad. La cruz con la veleta de la cúpula se volcó de su emplazamiento. Un señor alemán que pasaba a diario por el lugar, al ver que el tiempo transcurría sin hallarse la solución del problema, se ofreció a arreglarla y lo hizo en forma muy peligrosa por la precariedad de los elementos con que contaba para hacerlo.

El Padre Fazio, gran devoto del Sagrado Corazón de Jesús y María, hizo construir dos imágenes blancas, que colocó a ambos lados de San Antonio, removiendo los dos hachones que ocupaban esos lugares. En ambas imágenes se podían abrir los corazones y en su interior se colocaron listas de los fieles consagrados a ellos. Con esa consagración, comenzó la Devoción del Apostolado de la Oración. Años después, cuando las imágenes fueron removidas de su ubicación original, las listas fueron retiradas de los “corazones” y depositadas en el interior del nuevo altar junto a las reliquias de los Santos. Las imágenes se encuentran actualmente en la Cripta.

En los años 60, adoptando los cambios según el Concilio Vaticano II, se desarmó la balaustrada del comulgatorio y sobre los dos pilares centrales se colocó una mesa de madera para celebrar de cara al pueblo.

Como parte de las reformas encaradas, se desarmó la hermosa Pila Bautismal del baptisterio, pues los bautismos comenzaron a celebrarse en el Templo. Todas las piezas de mármol fueron guardadas con sumo cuidado, reservándolas para su posible uso posterior.

Se constató que las columnas sobre las que se asienta el coro, estaban cediendo hacia fuera, ocasionando desprendimientos de molduras. Las vigas fueron apuntaladas y se prolongaron hasta el exterior en ambos lados colocándose unas traviesas de hiero que obraron como llaves de sujeción.

Por ese entonces, se construyeron el saloncito y los baños sobre la calle San Nicolás. Se encaró el arreglo del órgano que demostraba gran daño a causa de las polillas.

Durante el curato del P. Roque Chidichimo, se nombró un Consejo Económico que llevó a cabo varias obras que contribuyeron a mejorar la calidad de la vida parroquial y preservar la conservación de tan invalorable tesoro arquitectónico.

Los patios de la Parroquia se pavimentaron en su totalidad. Ante el continuo movimiento de la estructura del templo, se consultó al arquitecto Vignoli que, con un grupo de universitarios, realizaron un estudio completo e indicaron las medidas a tomarse. En las cuatro esquinas de la Cripta, se levantaron cuatro grandes columnas esquineras de cemento armado. Esta obra fue dirigida por el ingeniero Labruna, quien también dirigió las obras de reconstrucción de la bóveda del crucero de San José. Esta parte del templo, se desprendió totalmente una noche durante un casamiento, sin causar, milagrosamente, más daños que los materiales y un gran susto a los asistentes. Esta bóveda fue luego pintada por el Sr. Núñez, copiando los motivos originales.

Se restauró el órgano en 1985, cambiando su viejo sistema de comandos por uno electrónico diseñado en el país, importando además todas las partes para órganos de la fábrica original de Alemania.

Se construyó la marquesina para reemplazar a la de lona que se alquilaba para los casamientos.

Se construyeron dos ermitas con las imágenes de la Virgen de Luján; una en mármol y cristales en el frente de la Iglesia, y la otra, fue emplazada en la prolongación de la Avda. Lincoln, en el interior de la plaza Arenales.

Por fin se encaró la reforma del presbiterio, cambiándose totalmente los mármoles según diseño del arquitecto Fernández. Se construyó la gran mesa del altar en mármol de Carrara, depositándose en su interior las reliquias de Santa Aurelia, San Alejandro y San Sotero mártires, que habían sido retiradas de los tres altares.

También se desplazó la escultura de la Última Cena desde su ubicación en el Altar Mayor, para ser colocada en el frente del altar principal. En su lugar, se colocaron 3 placas que habían formado parte de la pila bautismal. Otras tres de estas placas, cubrieron la parte trasera del nuevo altar.

Al ser anulado el Sagrario original, por quedar oculto por la Sede, se construyó uno nuevo en el lugar en el que antiguamente se exponía la custodia con el Santísimo Sacramento, utilizándose las puerta de bronce del anterior. Para evitar subir y bajar las escaleras en cada ocasión, se empotró otro Sagrario detrás del altar mayor.

Con las piezas recuperadas de dos de los cuatro confesionarios originales que habían sido deteriorados por las polillas, se construyó un ambón.

En la Cripta, con el objeto de poder utilizarla como sala de reuniones, se retiró el altar originalmente emplazado en el medio del lugar, ubicándolo en un nicho lateral al final de la escalinata.

Con piezas recuperadas del comulgatorio original, se construyó el altar del camarín de Jesús de la Buena Esperanza, originalmente de madera y quemado por una vela encendida. Al frente de este altar, se colocaron las puertas de bronce que, en medio del comulgatorio, daban acceso al presbiterio.

Se construyó una rampa de acceso al atrio y se colocaron pasamanos, tanto ahí como en las escalinatas centrales, para facilitar el acceso a las personas con movilidad reducida.

El 21 de diciembre de 1991, como consecuencia de un descuido mientras se realizaban trabajos de reparación de la cúpula, se produjo un incendio de grandes proporciones que la destruyó casi totalmente, ocasionando enormes daños en el interior del Templo.

Con el esfuerzo y aportes de toda la comunidad parroquial, se encararon las obras de restauración y reparación. Las obras a cargo de una empresa contratada a ese efecto, debieron suspenderse debido a los enormes costos que implicaban. Finalmente, se continuaron sólo con dos operarios. Las pinturas fueron restauradas gracias a la buena disposición del Sr. Núñez que se animó a encarar las mismas.

Al asumir como Párroco, el R.P. Raúl Martín renovó totalmente la casa parroquial, el salón parroquial y mejoró la iluminación interior del templo.

Sobre el frente de la Iglesia, en el costado opuesto a la ermita de la Virgen, se levantó otra similar con la imagen de San Antonio.

No se admiten más comentarios